Crónica del Primer Censo Nacional de Cóndor Andino

Actividad liderada por la Fundación Neotropical y Parques Nacionales de Colombia del 13 al 15 de Febrero del 2021.

El objetivo fue evaluar el estado de la población de cóndores de Colombia a partir del registro simultáneo en diferentes partes del País durante dos días seguidos. Estos resultados son de gran importancia para la implementación de planes y estrategias enfocados en la conservación de esta especie.


BioInn estuvo en el punto de registro Laguna de Ortices, corregimiento del municipio de San Andrés, perteneciente a la provincia de García Rovira en el departamento de Santander. La importancia de este punto de avistamiento se daba por una hembra de cóndor sub-adulta que habían liberado tiempo atrás en el Páramo de Santurban, la cual encontró su hogar a mitad de un risco cercano a la laguna. Evento curioso debido a que en Colombia esta especie generalmente es avistada sobre los 3.000 m.s.n.m y este lugar se encuentra sobre los 1.700 m.s.n.m entre las montañas del Cañón del Chicamocha, un paisaje de enmarcar.



Crónica de campo...

Sábado cuatro de la mañana empieza la aventura recogiendo al equipo BioInn en una camioneta alquilada 4X4 debido a lo prometía el camino… un inicio de fin de semana lleno de expectativas. Andando por una vía que evidencia la pobre gestión de las carreteras nacionales, llegábamos a Laguna de Ortices hacia el medio día, un tramo relativamente corto que digiere horas y horas. Entusiasmados por las altas probabilidades de ver al cóndor en el lugar, nos encontramos con el resto del equipo que estaría apoyando el censo en esta localidad. Carlos lideraba el equipo, un zootecnista con una pasión admirable por las aves y su conservación, trabajando desde hace varios años por proteger esta especie y siendo parte del equipo de protección del cóndor del Parque Jaime Duque. Nos comentaba que minutos antes de encontrarnos había podido registrar el cóndor hembra que estaba en el lugar que se reconocía por un marcaje azul con un #1 que se le había puesto en el momento de su liberación. Con esta prometedora noticia empezamos el censo, esperando que esta hembra no hubiera volado muy lejos y que volviera a visitarnos horas más adelante. Equipados con nuestros binoculares y cámaras, listos para disparar una ráfaga de fotos intentando dar con el mejor retrato de esta hembra, nos sentamos a esperar su llegada. Horas pasaban, el cielo intermitía despejandose y nublandose preocupándonos cada vez por la continua dominancia de las nubes en la montaña. Pensábamos en la posibilidad de que estuviéramos debajo del cóndor sin siquiera saberlo. Aprovechamos estos largos ratos de espera preguntando sobre la biología de esta especie, entendiendo mejor la problemática que enfrenta la cual amenaza su permanencia en Colombia. Pasamos el resto de la tarde sin la tan anhelada visita, por lo que decidimos ir al dormidero esperando observar su llegada a pasar la noche, evento que tampoco ocurrió…no pudimos ver al cóndor. Después de una noche lluviosa de camping y con los ánimos nuevamente recargado, volvimos al lugar del día anterior a llenarnos de paciencia. Esta vez subimos al potrero donde Carlos había visto a la hembra de cóndor el día anterior. Después de una larga mañana en el potrero, con el sol encima de nosotros, Paula se pregunta en voz alta con incredulidad: ¿ese es el cóndor?, levantando a modo resorte a quienes estábamos acostados esperando su llegada. Entre ansias y risas vimos entre las montañas llenas de nubes lo que podía ser un cóndor o un chulo, todavía no lo sabíamos. Estuvo volando únicamente durante unos segundos y se internó nuevamente en las nubes. Minutos pasaron en los que comentábamos lo ocurrido y lo gracioso de nuestra reacción, volviendo a ocupar nuestros lugares “estratégicos” en el potrero. Minutos después, interrumpiendo esa amigable charla, Paula se adelanta y dice: “Si es!! El cóndor!!”, viéndose repetida la acción anterior y en un segundo estábamos todos nuevamente de pie mirando con nuestros binoculares en la dirección que nos indicaban. Momento mágico.

La hembra de cóndor había salido de las nubes y estaba volando sobre las montañas lejanas, siendo reconocible únicamente por cámaras y binoculares. Debido a la engañosa perspectiva, constantemente perdíamos de vista a esta hembra confundiéndola con los chulos con los que frecuentaba, aparentemente tenía problemas de identidad, hasta que regresó a lo alto del cielo nublado. No podíamos creer que la hubiéramos visto. Aún así estábamos con el desasosiego de únicamente haberla visto de lejos, esperando una visita más cercana y personal (pedíamos mucho, lo se). Revisando las distintas fotos que se habían logrado capturar para evidenciar las coloraciones blancas características del cóndor, vuelve a aparecer esta hembra, esta vez ¡volando en dirección a nosotros! Cámaras y binoculares listos, inmóviles para evitar que decidiera cambiar su dirección, fuimos participes de un momento asombroso. Vino a darnos el regalo que tanto esperábamos. Estuvo volando tan cerca de nosotros que no fueron necesarios los binoculares para evidenciar su majestuosidad. ¡Se lograba ver incluso la marca azul con el #1 a simple vista! Hipnotizados por su vuelo sin esfuerzo aparente, estuvimos mirando hacia arriba durante unos minutos. Nosotros la mirábamos a ella y ella nos miraba a nosotros con natural curiosidad, hasta que decidió subir nuevamente a perderse entre las nubes de la montaña. ¿Qué hace uno después de tan asombroso y anhelado momento? Relatamos nuestras experiencias individuales, algunas más chistosas que otras, pero todas ellas contadas entre las conocidas “sonrisas de oreja a oreja”. Pero como muchas veces uno tiende a experimentar…se convirtió en una de esas experiencias que llevan al término: “unas por otras”. ¡Si, acabábamos de ver al cóndor! Esta emoción le quitó protagonismo al hecho que decenas de garrapatas estaban sobre nosotros. Así es…. el potrero estaba infestado de garrapatas, probablemente por eso era tan cómodo acostarse en el suelo (sarcasmo). Inmediatamente cambiamos de lugar de avistamiento, volviendo al punto del día anterior. La jornada de la tarde se convirtió para algunos de nosotros en la evidencia de la historia de nuestra especie, horas de acicalamiento entre nosotros como buenos primates que somos. Ahora, entre “piquiña” y “rasquiña” mirábamos al cielo esperando acabase rápido esta segunda jornada (la zona de camping con nuestra ropa de cambio no estaba tan cerca). Algo pesimistas frente a un segundo encuentro, hablábamos con Juan David y Andrés Felipe, dos adolescentes habitantes de la vereda el helechal que se mostraban curiosos frente a la actividad y con entusiasmo por participar. Miraban a través de los binoculares y nos ayudaban con fotos, las cuales resultaron siendo especiales retratos del proceso. Cerca de las 2:45 de la tarde de ese domingo engarrapatado, una segunda visita dejaría los piquetes en un segundo plano. Esta segunda visita, aunque increíble, fue un poco confusa. Una hembra sub-adulta, identificada por los colores del plumaje y la ausencia de la cresta característica del macho, sobrevoló la zona. Cabe aclarar que en este momento Carlos se había quedado en el potrero esperando más reportes, razón por la cual tuvimos tantas dudas al identificar este segundo ejemplar. Realmente no estábamos seguros si era la misma hembra marcada que frecuentaba el lugar, o si estábamos frente a una segunda hembra que había venido a visitar la zona, importante reporte para el lugar. Sin lograr fotografías precisas para mirar sus características, la perdimos de vista. Volviendo Carlos al lugar donde estábamos, nos confirmó que era la hembra marcada con el #1, cuando repentinamente otro cóndor se presenta. Esta vez una hembra juvenil venía a sobrevolando al lugar. Pegados a nuestros binoculares y cámaras, con mueca emotiva, escuchamos que venía otro cóndor. Sin el tiempo de alcanzar a verlo exclamaron: ¡Otro cóndor! Inesperadamente tres cóndores estaban sobrevolando sobre nosotros acercándose lo suficiente como para que pudiéramos identificar sus características “a ojo”.

Dos machos adultos y una hembra juvenil nos miraban curiosos mientras daban vueltas sobre nosotros. Perplejos, grabamos en nuestras memorias un momento único con la naturaleza. Un reporte de al menos cuatro cóndores en el lugar era muy emocionante, teniendo en cuenta que la gran mayoría del grupo, incluida mi persona, nunca habíamos visto un cóndor salvaje. Después de estar con nosotros por aproximadamente una hora, los perdimos de vista. Incluso la piquiña fue decente, dejando pasar el momento de emoción y celebración antes de volver a manifestarse.

Retomando la actividad de acicalamiento, llegó Juan Diego con poco aliento por el carrerón, y lleno de alegría, nos indicaba que había visto cóndores en el dormidero con sus alas extendidas. No siendo suficiente haberlos visto volar sobre nosotros, arrancamos al lugar que nos indicó Juan Diego expectantes por ver, finalmente, como hacían uso de tan extraño dormidero (un espacio de piedra a mitad de un risco). Engañados nuevamente por la perspectiva, ya con cóndores como escala de referencia, evidenciamos que el risco estaba más lejos de lo que pensábamos y que las pequeñas piedras eran en realidad una cueva con espacio suficiente para varios ejemplares. Los tres cóndores que habíamos visto minutos antes estaban usando el dormidero, tremenda sorpresa. Siendo este el panorama, decidimos quedarnos en este último lugar a terminar la jornada del día. Minutos más adelante, la hembra sub adulta con la marca azul #1 se unió al grupo, dejando en evidencia que efectivamente era la hembra que frecuentaba el lugar. Cuatro cóndores perchados en un dormidero, un escenario adecuado para probar las diversas modalidades de la cámara, haciendo uso también del improvisado híbrido celular-binocular. Listos para acabar la jornada, y motivados por empezar el último día del censo con cuatro cóndores, llega un quinto cóndor al dormidero. Cinco cóndores perchados en el dormidero, ¿cuanta memoria quedaba disponible en las cámaras? De esta forma culminaba una jornada llena de emociones contrastantes. El resto de la noche estuvo destinada a la dicha, con masmelos quemados por el fuego y pequeñas ronchas de piquiña intensa. Al siguiente día volvimos temprano al dormidero para apreciar al ave voladora más grande del mundo levantar vuelo (afirmación que tiene en cuenta envergadura, altura y peso del ave). Dos machos se adelantaron a volar, perdiéndose dirección norte entre las montañas de la cordillera oriental. Una hora después los tres cóndores restantes retomaron actividad siguiendo el mismo rumbo que los dos machos. ¿Llegarían a la Sierra Nevada de Santa Marta? …esperamos ansiosos los resultados del censo a nivel Colombia.



Gran equipo de avistamiento. Agradecido con los organizadores por permitirnos la oportunidad de conocer esta emblemática especie y motivado por la calidad de gente que conocemos en el camino de la conservación de la biodiversidad. Lamentablemente los resultados del censo evidencian la urgencia por conservar esta especie en Colombia, dando un total de 63 ejemplares registrados en el país. Hay que aclarar que este resultado no es el número total de la población de esta especie, pero es una primera aproximación preocupante del estado poblacional del Cóndor Andino.

Conozcan a Colombia biodiversa, cuidemos la verdadera riqueza y aumentemos las manos que se esfuerzan por la conservación del medio ambiente. ¡Acompáñanos en el trabajo!



*Las fotos/retrato son obra del fotógrafo Esteban Escalante (@estebanphoto-@mochiladventure)



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